Bueno, hace rato que tenía pensado hacer un tributo a los chistes locales que mis amigos y yo hacemos. Así que opté por dibujar muchas de estas referencias o chistes en el Facebook Graffiti.
Eventualmente optaré por publicar todas las susodichos dibujos, pero por lo pronto… me gustaría enfocarme en una particular historia: La del Aguacate.
La historia del aguacate tiene sus orígenes en un tiempo en que unos amigos y yo éramos muy fanáticos de gritar pendejada y media, específicamente sonidos de ‘ninjas‘ — como WARATAAAAAAAA — y, coincide con que les estaba relatando a mis amigos un incidente en una clase de mi concentración de Polímeros, llamada ‘Envases y Embalajes en el Área de Alimentos’.
Sucede que, al principio del curso, nos habían encargado investigar acerca de los alimentos perecederos… mi equipo y yo escogimos al aguacate. Al investigar acerca del origen etimológico de ‘aguacate’, descubrí que antes le llamaban avocado, pero dejaron de hacerlo porque se parecía mucho a ‘abogado’; entonces, en su infinita sabiduría, nuestros antecesores optaron por utilizar una palabra derivada del náhuatl — ‘ahuacatl‘ — que significa ‘testículo’… y es por eso que hoy en día llamamos de esa manera a la deliciosa fruta… por su semejanza al ahuacatl.
Resulta que cuando yo estaba exponiendo ante la clase, estaba hablando acerca de la madurez del aguacate. Hablé acerca de la vulnerabilidad de los aguacates al frío y otras cosas; pero, repentinamente, la maestra me interrumpe y le dice al salón:
“La mejor manera para determinar la madurez del aguacate es…” — y, haciendo un gesto con su mano derecha como si estuviese estrujando, e inclusive encajándole las uñas, al pobre ahuacátl — “¡LA FIRMEZA!“
Cuando terminé el relato de la anécdota a mis amigos estábamos todos atacados de la risa… y desde aquel día, todos hemos tenido una interesante percepción y reverencia por el aguacate.

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