El día de hoy incentivé a mis hermanas para que me acompañaran al parque; nos la pasamos muy padre. Ellas a pié, acompañadas de Blacky (nuestra schnauzer miniatura), y yo en bicicleta.
Ya en el parque más cercano a la casa (el que está arriba de Alfonso Reyes) andaba esperándolas — dando vueltas por ahí — en eso que iba a toda velocidad, intenté hacer un descenso… pero subestimé la diferencia de alturas. La llanta delantera hizo bien el contacto, pero la trasera fue la que descuidé.
Caí bien. Me raspé más el codo izquierdo que la rodilla izquierda. La bicicleta no sufrió ningún daño, salvo que la cadena se zafó de lugar y ahí mismo la acomodé.
Debo confesar que ya quiero ver a María para enseñarle los raspones: la conozco… sé que le va a doler a ella lo que no me dolió a mi.
Me da risa cuando me doy cuenta que soy muy ‘hombre’ en el mal sentido de la palabra. En este caso, implica que cualquier excusa sirve para desencadenar una oleada de pensamientos como los de el chiste del caballo verde de Polo Polo:
Me arremangaré cuando lleve alguna camisa de vestir y disimuladamente exhibiré mi herida.
Ella — sorprendida — exclamará: ¡Amor! ¿Cómo es que te has herido?
Entonces podré decirle — utilizando mi tono de voz más heroico — Tuve un enfrentamiento contra la muerte… Pero le miré fijamente a los ojos para decirle ‘No me llevarás ahora, pues anhelo estar a un lado de María.’
Entonces procederé a describir la batalla épica que me dejó con un codo raspado y ella caerá en mis brazos y yo procederé a darle un beso.
Claro que — de manera paralela al chiste — seguramente se me olvide responderle y vaya directo a darle un beso.
Bueno. Me tengo que ir a bañar… voy a ir al festejo en el Xian de mi buen amigo Pepe. Dato curioso: Estaba tentado a escribir ‘Xian’ como ‘Xiao’ (Xiao Xiao).
yeah!!! nada como algo de gore para seguir la semana
saludos