Mi disfraz

Yo hoy seré Alejo, y mi querida Candy será Valentina.

La frase que va con mi disfraz es la siguiente:

La quiero con mayonesa, sin ketchup y con mostaza. Déjale el tomate pero sácale la lechuga y la carne. Déjale el orégano, pero reemplázame la cebolla por la gaseosa y agrandame las papas y cambiámela por un cono de vainilla y si no tenés de vainilla ponele ketchup a la comida y agrandame el menu por 50 centavos. No le pongas condimentos al helado porque vengo del cine y ella se llama Valentina.

Candy, disfrazada de Valentina solo tendrá que responder, solo tendrá que responder

Yo quiero un sánguche.

Referencia necesaria innecesaria:
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Desempleo

Hoy Ayer me avisaron que — debido a la situación financiera delicada — era necesario que prescindieran de mis servicios en Reichhold Química de México.

La noticia no me fue completamente impactante, ya lo veía venir: ¡yo lo hubiera hecho! Era necesario despedir por antigüedad ascendiente. Y — siendo el menos experimentado, estando solo un año y medio — they let me go.

Estoy muy contento y tranquilo. Me gustó en cierta manera el momento, porque es cuando la gente en quien dejaste alguna huella se acerca y te lo dice. Es muy curioso… le encontraría como una especie de paralelo a un velorio… solo que estás vivo, y no se ve tan extraño que te den un abrazo.

Sentí hasta eso una fuerte emoción — hasta sentía esas ganas como de llorar, no sé de donde — cuando me decían mis compañeros y compañeras lo que admiraban de mi.

Hice mi buena labor como vendedor hasta al final: les avisé que ya no trabajaría en Reichhold, para que se aseguraran que los pendientes que tenía para con ellos les fuesen atendidos propiamente.

A todos mis compañeros: les tengo un profundo respeto y aprecio. Fue un honor trabajar con ustedes y les agradezco enormemente por su incondicional amistad.

Lo bonito también fue que conté con el incondicional apoyo que mi super novia me brindó. Vino desde bien lejos para estar conmigo. ¡Cuánto la amo!

Prácticamente estuvedieciséis meses en Reichhold.

Chisporroteo

Fue el sonido de el asperjar de un líquido sobre tela lo que me hizo abrir los ojos y darme cuenta que — hoy, por vez primera — me convertí en un sonámbulo meón. A las tres de la mañana, me levanté de la cama todavía dormido, caminé inconscientemente quien sabe cuanto, me detuve, me bajé los pants y solté un chorrito.

Qué. Pedo.

RSS Feed de La Hora Nacional

El día de ayer, regresando de una carne asada, me llamó muchísimo la atención escuchar el término ‘podcast’ — un término muy contemporáneo — en un programa de radio que yo consideraba más conservador y tradicional como La Hora Nacional.

Me llamó mucho la atención el nuevo enfoque que tiene este programa, ya que es uno más dedicado a los mexicanos; al parecer busca erradicar mitos, sosegar sus preocupaciones y trae propuestas culturales muy interesantes a la mesa. Es un gran cambio de lo que solía ser antes. Escuchando que tenían un podcast, mi primer pensamiento fue suscribirme por Google Reader, pero para mi gran desilusión no cuentan aún con el componente DS-Syndicate en Joomla.

Tomando cartas en el asunto, utilicé un servicio gratis que se llama Feedity, y que utiliza una técnica llamada ‘HTML Scraping’ para generar RSS de una página de HTML. Me basé en una página que la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía tiene por ahí en donde tienen un listado de los programas de la Hora Nacional. De ahí generé un feed que solamente tiene links a los archivos… después ese feed lo pasé por Yahoo Pipes, y utilizando un poco de magia de expresiones regulares logré añadirle fechas a las entradas. Finalmente, lo pasé a FeedBurner para difuminarlo por iTunes y Yahoo, y el resultado es El Feed de la Hora Nacional.

Fue un pequeño lío pero por fin tenemos una manera de agregar a Google Reader o bajar automáticamente con algún programa como RhythmBox los programas de la Hora Nacional.

P.D. Si no tienen idea de lo que son los ‘feeds’ o ‘RSS’, lean este tutorial de lo que es sindicación.

La alegría

Revisando unos papeles encontré unos documentos de antaño que me evocaron muy bonitos recuerdos. Eran los relatos que recité al participar en los certámenes de oratoria, cuando estaba en el Liceo de Monterrey. ¡Qué tiempos aquellos! Te asignaban un tema acerca del cual hablar. Anteriormente me había tocado hablar acerca de la tortuga, y de la iguana.

En esta ocasión fue acerca de La Alegría… estando en quinto de primaria. ¿Cómo rayos se les ocurre poner temas que requieren un nivel de abstracción más elevado? A fin de cuentas, terminé pidiendo ayuda a mi mamá por que no se me ocurría cómo aumentar o extender el tema de la alegría, aparte de una definición medio breve en una enciclopedia.

A mi mamá tampoco se le ocurría de qué hablar, así que optamos por ir con mi abuela, quien nos recomendó una historia de un libro llamado “Siempre Alegres Para Hacer Felices a los Demás”. El título del libro sonaba convincente.

Nota: incluyo tachones sobre el texto, ya que no recuerdo si tuve que recortar ciertas palabras para cumplir bien el espacio de tiempo permitido (¿cerca de tres minutos?).

“Dormía y soñaba que la vida no era sino alegría. Me desperté y vi que la vida no era sino servicio. Serví y vi que el servicio era la alegría.” — Tagore

No vamos a hablar aquí de la alegría externa, que es fisiolígica y que la tenemos cuando cuando estamos sanos o algo nos sale bien. Esta alegría es pasajera y da como resultado la risa.

Vamos a hablar más bien sobre la verdadera alegría que es la espiritual. Nace cuando le damos un sentido a nuestra existencia. Tiene como resultado la sonrisa, la serenidad y la paz interior.

A veces podemos estar serios por fuera pero por dentro muy felices.

La verdadera alegría acompaña a todos los que sirven a Dios y que se saben que son sus hijos muy queridos. De esta manera nunca nos sentiremos solos.

Como no estamos solos, no le tendremos miedo a la vida ni a la muerte, a la enfermedad o a los problemas, porque vemos en todo Su Voluntad.

Si luchamos por ser mejores cada día, si cuando tropezamos nos volvemos a levantar, entonces estaremos alegres.

La alegría se contagia, se comparte. Soy más feliz cuando pienso en los demás.

Les quiero contar algo que leí en el libro “Siempre alegres para hacer felices a a los demás” de Don Jesús Urteaga. El relato se llama “Con mirada Limpia“. Trata sobre una niñita muy enferma que era muy alegre y que pensaba siempre en los demás.

Estamos en un hospital muy pobre, los enfermos tienen que compartir su cuarto con otros.

En la recámara, junto a la ventana, en una cama blanca se encuentra una niña enferma. Tiene una tos muy que la ahoga. A su lado, en la mesita, está la campanita que agita cada vez que le vienen los ahogos. Entonces, rápidamente, llegan las enfermeras a darle una medicina que le calma sus dolores de muerte.

En la cama de al lado acaban de poner a un pobre anciano que tiene las piernas paralizadas.

La niña parece un ángel y el viejo es un hombre enojón y desagradable.

Ella siempre quiere a los que la rodean y el es un anciano envidioso, lleno de rencores.

Acaba de llegar y ya odia a la niña por que ella está junto a la ventana, se puede mover, asomarse y ver.

Cuando la niña quiere platicar con él, siempre se enoja y le contesta de mala manera. La niña no entiende el por qué de tanto enojo, le ofrece su cama, pero el se enfurece aún más.

Entonces la niña abre la ventana y le cuenta lo bonito que es todo: el jardín con su gran fuente, las flores, el árbol gigantesco, las personas que pasan, el cielo azul y los pájaros.

Pero el viejo no escucha nada. En la cara se le refleja lo que piensa: “No hay razón para que esta niña tonta me cuente todo lo que ven sus tontos ojos. Si consiguiera que se la llevaran de aquí, que su cama quedara libre y me llevaran allí…”

La niña, muy animada, continua con todo lo que ve por la ventana. Le cuenta de las estrellas y la luna y al ver que el enfermo se quedó dormido, que era justamente lo que ella buscaba, cierra la ventana, reza y se acuesta abrazando a su muñeca.

Son las dos de la madrugada, todo duerme en el hospital viejo y destartalado. Duerme el ángel pero no el anciano. Aquí veremos hasta donde llegan la envidia y el odio del enfermo hacia aquella pobre niña.

Una vez más, le llega la desesperante tos que le carcome el pecho. La niña despierta y trata de coger la campanilla. Pero no la encuentra. En medio de sus ahogos busca desesperadamente la campanilla pero la mesita está vacía.

La niña mira a su compañero: la campanilla está ahí, entre sus manos.

En medio de los ahogos, logra exclamar: “¡Toca, toca, me ahogo!”. Pero el hombre, en su locura, aprieta fuertemente la campanilla para que no suene.

La mano del ángel está ahora quieta, caída sobre la mesita. Hay un silencio impresionante, sin toses, sin ahogos, sin ruidos.

Es de mañana y se han llevado ya a la niñita. Acaban de poner al hombre justo donde él más deseaba: ¡Junto a la ventana!

¡Es el momento! El anciano, con gran esfuerzo, se logra sentar. En su cara hay una expresión de ansiedad. ¡Por fin podrá distraerse viendo por la ventana!

La abre y esto es lo que vieron sus ojos con asombro, con rabia, con dolor: una pared y un tejado. ¡Eso sólo! Una gran pared y en lo alto una sucia azotea con tejas viejas, rojas, hechas de sangre.

El viejo está destrozado y llora.

No puede olvidar la sonrisa de la niña cuando le hablaba de todo lo que el amor le hacía ver por la ventana.

El hombre está arrepentido, recuerda todo lo que le contaba sobre jardines y flores.

El quisiera pedirle perdón ahora y que le siguiera contando cosas buenas, pero ya es muy tarde.

Cuando menos ha aprendido una extraordinaria lección y cuando venga otro enfermo a la habitación, le contará todo lo que el amor le dicte desde la ventana.

Esto es lo que nos puede enseñar la pequeña niña: tener la mirada limpia, servir a los demás aunque no nos correspondan, tratar de alegrar siempre la vida a los que nos rodean.

La historia, hizo llorar a mi madre… lo cual significaba que era material de primera para traer lo que menos esperaban en el tema de ‘la alegría’: la tristeza.

Ahora que la vuelvo a leer, hasta me dio un poco de miedo el ver qué fuerte mensaje religioso le impartí al texto.

Miss Lewinsky and I

Me acuerdo que de los primeros mp3 que bajé — en los tiempos de Napster — fueron canciones de parodias políticas. Una de ellas era esta canción llamada Miss Lewinsky and I que pareciera que canta Bill Clinton; hasta la fecha no estoy seguro quién fue el autor intelectual, pero hay personas que la adjudican a Weird Al Yankovic.

Saber Escuchar

Hay una frase muy buena de Robert McCloskey que dice lo siguiente:

I know that you believe that you understood what you think I said, but I am not sure you realize that what you heard is not what I meant.

Manifiesta de una manera muy elegante — y cínica — que hay personas que ‘no saben escuchar’. En concreto, que se desviaron por alguna tangente o palabra clave y no entendieron el significado de las palabras. A esos individuos, les llamamos estúpidos.

Sin embargo, hay personas que eso de irse por la tangente lo hacen intencionalmente; optan por tergiversar y malinterpretar todo. A esas personas, les llamamos pendejos. En México, solamente queda uno de esos, y lleva por apellido López Obrador.