Hace una semana fungí como mediador entre dos amigos. ¿Cuál fue el problema? Una mujer. Cuando uno de estos amigos — llamémoslo Manolo — me presentó a esta chica, percibí inmediatamente que mi amigo estaba atraído hacia ella; la primera impresión que me llevé de ella fue que era una chava coqueta y necesitada de atención, ya que poco después se sentó a mi lado y — a pesar que estaba platicando con alguien — llega y me toma del brazo acurrucándose… WTF? El segundo amigo del cual hablaba — llamémoslo Wicho — vive cerca de la casa de esta mujer.
Manolo se enojó con Wicho porque en diversas ocasiones parecía que Wicho no respetaba esa delgada e invisible línea aislante de un hombre y su prospecta… como por ejemplo ofrecerse a pasar por ella (que es válido hacerlo cuando la susodicha se encuentra con el susodicho en una relación estable) o — la gota que derramó el vaso — salir con ella ‘de rol’.
Sucede que no era enteramente la culpa de Wicho; la mujerzuela estaba terjiversando las palabras y cambiando los planes en el acto: en el último incidente ella iba a salir a comer con Manolo, pero salió antes con Wicho diciéndole a él que estaba también invitado.
Manolo se enojó bastante, Wicho no sabía que hacer y terminaron involucrándose dos amigas mútuas de los dos — además de la antes mencionada y su seguro servidor como mediador… todos jugando teléfono descompuesto.
Todo terminó en un ritual paralelo al de las mujeres que se sientan a ver una película comiendo helado: nos fuimos los tres cuates a tomar unas Yambas y a ver una película en alta definición en una mega pantallota después de haber mandado a la tipeja al mundo del olvido.
Ese día nos sentimos confundidos de tener otra vez quince años.
jajajajajaj
yo tambien estuve involucrada jajaja
y terminamos en el cine Manolo, Wicho, mi adoradisimo digamosle Chuchu y yo jejeje
saluditooooosss
estaba buena?