Ya que la semana pasada descubrimos que teníamos pésima condición al ‘subir’ — más correcto sería decir ‘gatear’ — Chipinque… nos propusimos como reto cada sábado a las nueve de la mañana subirlo.
Este sábado, Roberto se rajó porque ‘no lo dejaron dormir temprano’ y por lo tanto estaba ‘muy jodido’, con todo y que lo dejó dormir hasta las diez; Alex, por otra parte, andaba en un retiro involuntario.
Me ocupé en muchos pendientes matutinos — inclusive algunos que involucran sorpresas de este próximo día del amor — y para cuando ya estaba en el estacionamiento de abajo de Chipinque, eran cerca de las doce de la tarde.
Estaba poniendo el primer pie en dirección a la primer vereda, cuando suena mi celular. Era Alex. Había salido temprano… ¡A huevo! Después de ir por Alex, conseguir provisiones y demás cosas… era la una y cuarto de la tarde.
Notamos una mejora en nuestro desempeño al subir… pero cabe mencionar que nos estuvimos deteniendo cada rato para tomar fotos, admirar los enormes genitales de alguna ardilla, y evitar hiperventilación por tener mala condición.
Llegamos hasta la meseta y estuvimos recordando viejos tiempos subiéndonos incesantemente a los resbaladeros. Después… hizo hambre y optamos por un cóctel de frutas con yogur natural, miel de abejas y granola con pasas.

